sexta-feira, 31 de dezembro de 2010

Jornada 6. Chone (Manabi) – Manta (Manabí) Ecuador

Diciembre 30 y 31

A las 6:20 de la mañana el muchacho que atendía en la estación de gasolina, que nos había permitido dormir allí, golpeó en la ventana, diciendo que era hora de salir. Perfecto, recogimos todo rápidamente y salimos en menos de 15 minutos. No habíamos dormido muy bien, pero pudimos descansar un poco.

Dejamos Chone con mucho placer, la verdad no nos gustó ni un poco el pueblo  y ya teníamos muchas ganas de llegar a la playa. Además valga la pena decirlo, ya hacía dos días que no teníamos un baño cómodo y mucho menos una ducha. En menos de dos horas divisamos al fondo en el horizonte, el azul verdoso y añorado Océano Pacífico. Desde que los avisos en la carretera nos daban la bienvenida a Manta, el mar y sus barcos camaroneros nos llenaron de un nuevo aire, de ambiente de vacaciones, de playa brisa y mar. Manta es una ciudad fashion, no tanto como Floripa, pero si llena de hoteles, grandes edificios cachezudos, carros costosos y restaurantes elegantes. Un detalle interesante: en todas las puertas, ventanas y carros habían monigotes, que son como año viejos pero hechos de papel maché de todas las formas posibles, Batman, Goku, Puka, la Sirenita, el Capitan America, Barni, Gudi y Buzz de Toy story, así como otros desconocidos que irian a ser quemados a media noche, inundaban Manta. Dimos una pasada general y decidimos movernos hacia la salida para encontrar un lugar tranquilo, medio solitario y propicio para acomodarnos unos días, recargar energías y deleitarnos en el mar.


Un poco después de las 9 llegamos al Hotel Barbasquilllo, exactamente el lugar que estábamos buscando. Un lugar con piscina, restaurante, Wifi, zona de camping apropiada para carros casa y lo más importante de todo, una hermosa PLAYA solitaria. La zona de camping alejada de todo el movimiento del hotel, contaba con conexiones de energía, baños con duchas, agua y unos arbolitos que ademas de darnos sombra nos permitieron colgar unas cuerdas para extender nuestra ropa.



Primero lo primero, desayunar. Hicimos un jugo de Mango, café Quindío venido desde Armenia (regalo de navidad de nuestros amigos cuyabros), huevos revueltos, pan integral con mantequilla y mermelada y queso. Luego mientras Carlos Omar y Luisa organizaban el desorden de la camioneta y adelantaban el almuerzo, Mafe y yo entrábamos a Internet, nos reportábamos y adelantábamos el blog.



Paso a seguir almorzar (pasta con salsa de champiñones) y a la Playita. El mar aquí es calmado, una que otra ola, pero nada movido y poco profundo. La arena de la playa es café oscura y compacta. No hay casi piedras ni conchas. Un viento ligero y amable sopla permanentemente refrescando el ambiente caluroso y posibilitando a los pelícanos y gaviotas danzar sobre nuestras cabezas buscando pececillos hacia los cuales lanzarse en picada. El paraíso sin duda tiene que ser algo parecido a esto.




Jugar con las olas, nadar un poco, leer algunas hojas de un libro, tomar fotos, broncearse, dormir y no hacer NADA más, fue lo que hicimos el resto de la tarde. Por días como este es que aguantamos una noche como la anterior, sin dudas aguantaría otro Chone a cambio de más días en el mar Pacífico. Cuando el atardecer y el frío nos sacaba del agua, salimos a bañarnos en una ducha limpia, a tomar onces y a montar la carpa de piso para que Mafe y yo pudiéramos dormir cómodamente, definitivamente el primer piso de la camioneta no es el mejor lugar para dormir al lado del mar.



 Una vez instalamos nuestro hogar por un par de días, salimos a caminar por Manta y a tomarnos unas cervezas. Extrañamente el malecón al lado del mar estaba solísimo, los restaurantes cerrados y apenas nos cruzamos con unos turistas al parecer Rusos. Nos sentamos en un barcito pequeño donde nos tomamos una Pilsener y brindamos por haber llegado hasta la playa. Como una cerveza da sueño y todos estábamos cansados volvimos arrastrando los pies hasta el hotel y caímos profundos.



Mafe, sin embargo, pidió una cerveza en el hotel y se sentó en su computador, a chatear con amigos y a pasar el rato, y sólo después de la media noche cayó rendida a mi lado.

Dormir al son del mar movido por el viento rompiendo en la arena, es terapéutico. Antes que amaneciera los pájaros me recordaron que era hora de salir a correr, pero al abrir la ventana de la carpa me di cuenta que hacía demasiado frío. Entonces esperé. Salimos con Omar un poco después de las 7 y corrimos casi una hora por la playa. Varios corredores y caminadores merodeaban el lugar a esa hora, pero como el espacio es amplio y la vista al mar da esa sensación de libertad, pues uno se siente corriendo sólo en el mundo.



Llegamos hasta el puerto donde están todos los barcos camaroneros y nos regresamos por el mismo camino, corriendo y caminando con calma. En la playa del hotel estaba Luisa caminando y a su alrededor había un grupo de unas 12 personas vestidas con batas blancas y manos cruzadas como rezando, tal vez despidiendo el 2010 o tal vez en un extraño ritual religioso. Yo no lo dudé ni un minuto, sólo me quité los tenis y fui directo al agua, que aunque fría estaba espléndida. ¿Qué mejor manera de terminar el año que haciendo deporte y nadando en el mar?

Carlos Omar y Luisa también terminaron en el agua y sólo el hambre nos sacó de vuelta a la tierra firme. El desayuno fue el mismo del día anterior aunque sin jugo de mango y con adición de cereal con leche o yogurt.  El plan a seguir fue bañarse y adelantar un día más en el blog, mientras otros tomaban siesta y Mafe nadaba en la piscina.



El almuerzo fue un plato hecho en casa (o en casa-camioneta para ser más exactos), compuesto por lentejas, arroz, ensalada de atún con verduras y aguapanela fría. Después de eso nos lanzamos de nuevo al mar y aunque había menos sol que el día anterior, el mar estaba caliente y un poco más movido, apenas para jugar con las olas y ver el atardecer entre el agua. Estuvimos ahí hasta las 6:40 y nos fuimos a bañar y organizar para salir a algún lugar a comer algo decente de final de año.

Organizarnos, descansar, peinar a Luisa (sin secador) y mamar gallo nos llevo a salir casi a las 9 y 30. En el hotel había un súper plan rumbero, con cena de año viejo, show de 3 orquestas en la discoteca y juegos pirotécnicos en la playa. Sin embargo era costoso, casi 40 dólares por persona y por eso decidimos salir a buscar un restaurante donde pudiéramos pagar con tarjeta y no gastar nuestros preciados dólares. Caminamos y caminamos esperando un taxi, y sólo encontramos uno cerca del la zona de restaurantes.

Queríamos comer frutos de mar, entonces el taxista nos llevó a un lugar pequeño pero lleno, donde vendían de todo un poco a buen precio. El problema fue que sólo atendía un muchacho, que ni se mosqueó con nuestra presencia y nunca pero nunca nos tomó el pedido. Salimos de allí casi a las 10 y 40 en la búsqueda de otro lugar, lo cual no estaba fácil, lo que no estaba cerrado había sido apartado para fiestas y comidas privadas. Decidimos coger otro taxi, que con una tosquedad infinita, nos dio vueltas por las mismas calles que ya habíamos caminado y nos dejó exactamente en el mismo lugar.

Lo bueno fue que conseguimos ver un restaurante Argentino que estaba abierto y tenia la mejor cara de la noche. Estaba lleno pero conseguimos mesa rápidamente. Tango, bifé de chorizo y sangría fueron nuestra cena de final de año, que justo terminamos comiendo mientras afuera retumbaban los juegos artificiales y se quemaban los monigotes y adentro las familias se abrazaban y se deseaban feliz año.



Antes de la 1 volvimos al hotel que se estremecía al ritmo  merengue de una de las  orquestas en vivo de la noche y sin dudarlo nos instalamos en nuestra suite y dormimos. Así entre el mar, la comida argentina y el sueño pasamos al 2011.

Costos de la jornada:
 Hospedaje: US 40
Cervezas: US 8 (en el hotel y en la alameda)
Botella grande de agua para cocinar: US 1,60
Taxis el 31: US 5,60
Comida de final de año: US 62,95 (pagado con tarjeta de crédito)
TOTAL: US 118,15

Mapa de la jornada:
100 kilómetros


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quarta-feira, 29 de dezembro de 2010

Jornada 5. Otavalo (Imbabura)– Chone (Manabí) Ecuador


En el primer piso de nuestro hogar se sintió bastante frío y como las cobijas estaban guardadas en el baúl del techo de la camioneta, pues básicamente nos congelamos a la madrugada, pero sobrevivimos sin secuelas. Salimos del súper hotel que habíamos encontrado, a las 7 de la mañana y dimos algunas vueltas por Otavalo a la búsqueda de desayuno y de artesanías baratas. Como bien lo sabíamos todas las artesanías ecuatorianas que venden por las calles de ciudades como Bogotá y hasta Floripa son de Otavalo, así que con seguridad debíamos encontrar cosas buenas y baratas.


Llegamos al mercado principal, donde nos encontramos con una fiesta de colores deslumbrante. Ropa, cobijas, gorros, tejidos, brebajes y hasta calzones amarillos inundaban el lugar. La mayoría, si no todos los vendedores y vendedoras, eran indígenas. Las mujeres vestidas con sus lindas faldas negras amarradas con tejidos de colores a la altura de la cintura y con camisas blancas bordadas. Los hombres vestidos con jeans y camisetas y con su cabello negro largo amarrado en trenza. El quichua resonaba por aquí y por allá. Era imposible esconder lo turistas que éramos.

Primero fuimos a la galería a desayunar. La gente que atendía y la que desayunaba era indígena, familias enteras sentadas deleitándose con un manjar envidiable: algo como arroz, frijoles y hiervas verdes cocinadas. Llegamos a una esquina donde atendía una mujer blanca (fue casualidad y no racismo que quede claro). Pedimos dos cafés que venían con pan y queso y dos aguas de anís. También quisimos probar unas tortas de papa frita que estaban expuestas en la barra y que no sólo parecían, sino que definitivamente eran exquisitas.


En el mercado encontramos algunas de las artesanías que queríamos, compramos unos chumbes (tejidos de colores de menos de 10 centímetros de ancho que sirven para amarrarse en la cintura o en el cabello) una camiseta, un vestido y un gorro para el frío. Los precios en este lugar son realmente baratos y mejores aún si uno quiere llevar por docena, lástima no tener más dinero para comprar más cosas para regalar y hasta para vender. Uno de los aprendizajes del momento fue una palabra en Quichua PAY que quiere decir gracias. Así que “Pay” Otavalo por tus bonitas artesanías y por el colorido de tu pueblo que las hace y que nos trató con mucho cariño, por algunas poquitas horas.

Salimos rumbo a la capital que está a menos de dos horas. Quito es una ciudad polifacética, una mezcla entre historia y desarrollo. Su centro histórico lleno de catedrales, calles empedradas y construcciones coloniales, contrasta con sus grandes autopistas, su sistema de transporte integrado y sus barrios elegantes. Sin embargo es una ciudad sin parqueaderos. Pasamos casi una hora buscando un parqueadero en el centro, para dejar la camioneta y caminar por ahí, pero no encontramos nada. Tuvimos que dejar el carro en un Supermaxi, un supermercado cerca de la Superintendencia de Bancos y coger un taxi hasta el centro histórico. Dimos vuelta por la Plaza Grande y por algunas calles principales. Luego fuimos a la oficina de turismo, donde conseguimos unos mapas regalados y compramos otro mas completo, con el detalle de todas las vías del país. Regresamos al Supermaxi a comprar algunas cosas que faltaban en el mercado y nos parqueamos en una bahía a esperar y almorzar.




Esperábamos que abrieran unas cabinas telefónicas para acceder a Internet y hacer unas llamadas de larga distancia. Pero eran las 2 de la tarde y al parecer los Quiteños tienen un horario de almuerzo diferente al colombiano. Mientras esperábamos hicimos unos sandwichitos con yogurt y nos cominos unas frutas que llevábamos. Pero yo entre en crisis de hipoglicemia: mareo, baja de tensión, dolor de cabeza y sensación de desgano…¡fantástico, era eso lo que faltaba!

A eso de las 4 conseguimos llamar, acceder a Internet y subir la glicemia y salimos rumbo a la playa que se había convertido en nuestro nuevo objetivo de viaje en Ecuador. Andamos en dirección al sur para no perdernos mucho de la Panamericana. Así que decidimos caminar en dirección a Bahía o Manta, pasando por Santo Domingo de los Colorados en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Andamos y andamos. Para llegar a Santo Domingo hay  que pasar por una montaña enorme cuya carretera recuerda la de la Línea allá en Colombia, aunque es mucho más amplia y menos inclinada. En la parte más alta tiene aproximadamente 3400 metros. Las bajantes de agua, así como las cascadas nos recordaron que Ecuador es uno de los principales productores de agua del mundo, gracias a sus páramos. La neblina espesa no nos dejaba andar muy rápido, en realidad no se veía casi nada, lo que hizo la subida bastante demorada. Bajando nos demoramos algo más de una hora, las curvas cerradas y los tramos donde están arreglando la vía aminoraron aún más nuestro paso. Finalmente llegamos a Santo Domingo, donde ya era casi de noche. Decidimos seguir, en el mapa Bahía parecía relativamente cerca.

Andamos y andamos, cruzando por pequeños caseríos donde no creímos encontrar opciones de hospedaje. Finalmente llegamos a Chone en la provincia de Manabí. Feo, pero feo, mejor dicho horrible era el pueblito, pero en todo el camino recorrido era el único pueblo medianamente grande que podía ofrecernos lugar para pasar la noche. Calles destapadas, encharcadas y llenas de barro, casas de dos pisos con paredes de cemento sin color y un ambiente sórdido medio asustador. Decidimos seguir a buscar otro lugar, pero la carretera rumbo a la playa era más pequeña, oscura y solitaria que en la que veníamos.
Eran más de las diez de la noche, no era seguro seguir. Así que regresamos de nuevo a buscar cualquier cosa para quedarnos, un hotel, un parqueadero o lo que fuera. Decidimos parar a comer algo en una parte de la ciudad que parecía menos peligrosa. Las calles estaban asfaltadas y habías casas elegantes, pero ni un solo parqueadero o hotel. El lugar elegido para comer fue un pequeño restaurante de comidas rápidas donde habían unas mesas y sillas al aire libre y varios carros parqueados sobre la calle. Nos atendió una elegancia de “choneño”. Nos ofreció carne con verdes y otra cosa que ni me acuerdo el nombre. Todos hicimos cara de “no entendemos nada” y el nos trajo un plato con verdes y aquellas otras cosas. Pues bien, el asunto era plátano verde en rodajas y plátano maduro en tajadas. Ja, ja, ja, eso si que lo conocíamos. Entonces el menú de la noche fue carne con verdes para todos, dos Incacolas para tomar y una descripción detallada de Chone incluyendo parqueaderos, hoteles y todo.

Al final decidimos parquear en una Estación de gasolina en el lado decente del pueblo, el lugar más seguro y cómodo que pudimos encontrar. Perfecto, hasta baño tenía el sitio. Parqueamos el fondo de la estación, tapamos las ventanas, recogimos nuestras cosas para dormir y armamos los dos pisos.

El de encima como siempre fue de rápida organización, pero el primer piso fue toda una terapia, especialmente porque estaba haciendo mucho calor y como no tenemos manera de tapar las ventanas dejando que el aire entre a la camioneta, pues todo parecía un sancocho hirviendo, o un sauna, como quieran llamarlo. Debido a las condiciones “adversas” decidimos no inflar el colchón e intentar dormir en las sillas de la camioneta adecuándolas de la mejor manera. La estrategia moverse lento, muy lento para no acalorarse más de lo ya estábamos y montar todo rápido para que amaneciera más rápido y saliéramos pronto de ese lugar poco amable.

Costos de la jornada:
Desayuno: US 3
Artesanías: US 24
Peajes: US 3,60
Diessel: US 11
Mercado: US 32, 87
Tiner: US 1,50
Taxis en Quito: US 4,6
Mapa de Ecuador: US 5,40
Libreta de anotaciones: US 1,50
Llamada internacional: US1,50
Frutas: US 5
Comida: US 4,50
Parqueadero en Estación de Servicios: US 2,50
TOTAL: US 100,97






Mapa de la jornada:
380 Kilomentros




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terça-feira, 28 de dezembro de 2010

Jornada 3. Ipiales (Nariño -Colombia) - Otabalo (provincia de Pichincha - Ecuador)

Diciembre 28 de 2010

A pesar de los ronquidos y el sonido de los carros pudimos descansar y aunque habíamos combinado salir temprano solo conseguimos partir después de las diez de la mañana, primero porque pasamos varios minutos en la ducha y segundo porque Mafe, que traía desde Armenia unos Arazás (fruta amazonica familiar de la guayaba), quería probar el jugo de esa extraña fruta, lo cual implicaba toda una estrategia.

Decidimos pedirle a una de las chicas de la cocina que hiciera el jugo, ella que nunca había visto la fruta nisiquiera la había escuchado, aceptó con gusto. El arazá tiene unas pepas grandes en su interior como la guanábana y quitárselas para licuar la pulpa es una tarea de bastante paciencia. La pulpa amarilla y babosa parece un pudín y así no más su sabor es un poco amargo. Sin embargo el jugo, que tiene que ser en leche, es muy rico. De las tres frutas que teníamos hicimos jugo de una sola y dejamos las otras dos para la gente la cocina, que se deleitó probando esa extraña fruta amazonica en plenos Andes colombianos.

Del hotel fuimos directo a la Iglesia de Nuestra Señora de las Lajas que queda justo en el cañon del río Guaítara, la iglesia está un poco alejada del centro del corregimiento de Ipiales, como saliendo hacia una vereda. En la parte más alta sobre la vía, dejamos la camioneta y aprovechamos para mandarla lavar y para tomarle unas buenas fotos.

Aunque no se ve allá al fondo está la Iglesia de las Lajas
Aún cuando uno no es muy religioso las Lajas impresiona, no sólo por su arquitectura sino principalmente por los agradecimientos puestos en placas que muchísimas personas colocan en las rocas que rodean la iglesia. Hay miles de historias de gente reconocida y desconocida que le pidió algo a la virgen del Rosario más conocida como virgen de las Lajas y que luego volvieron a dejar su agradecimiento para que todos lo vieran. Entre esos por ejemplo Lucho Herrera, que volvió a Las Lajas a agradecer por haber ganado la vuelta España en 1987, lo que conmovió a Carlos Omar hace algunos años atrás, que cada vez que pasa por Ipiales visita las Lajas y le deja una vela encendida, por supuesto esta vez no fue la excepción, la petición en esta oportunidad fue cuidarnos durante todo el viaje.

Mas agradecimientos
Placas de agradecimiento por favores recibidos

La iglesia actual es la cuarta construcción desde que se encontró la laja pintada con la virgen del Rosario a finales del siglo XVIII. Su arquitectura y su tamaño son sorprendentes, son 100 metros de altura en la mitad de un cañon y allá abajo pasa el río haciendo un gran estruendo, de un lado al otro se conecta con un puente de piedra donde los turistas se toman fotos y aprecian con ojos de asombro la gran construcción.

Frente de la Iglesia
Santuario visto desde la cascada
El interior no deja de ser suntuoso e imponente. Todas las ventanas están cubiertas por vitrales, las paredes y el techo construido con mármol y con piedras brillantes y los altares están hechos con madera tallada. Los que entran (a excepción de nosotros) se persignan a la entrada y se arrodillan a rezar con devoción. Al fondo en el atrio, la laja o sea la piedra, que le da nombre a la iglesia, aparece imponente y en ella se encuentra la pintura de la Virgen del Rosario, que tiene al niño Jesús en sus brazos y dos frailes a su lado conocidos como Francisco de Asis y Santo Domingo de Guzman.

Interior de la iglesia
Laja pintada con Nuestra señora del Rosario

Aunque apenas esta comenzando la temporada vacacional nos encontramos con algunos franceses, alemanes o gringos (solo sabiamos que eran rubios enormes y no pudimos escucharlos para saber el idioma que hablaban) y aún más sorprendente vimos y escuchamos muchos indígenas, especialmente mujeres vestidas con sus lindas faldas negras y sus camisas blancas bordadas, hablando quichua entre ellas y español con las demás personas. Las Llamas vestidas para las fotos, las artesanías rodeando el camino y los niños y niñas en plena guerra de agua (porque el 28 de diciembre es el carnaval del agua en Pasto) acompañaron nuestra subida de regreso a la camioneta y despidieron nuestro paso por Las Lajas.

De regreso a Ipiales compramos algunas cosas para hacer un almuerzo rápido entre la camioneta y seguimos hacia el puente de Rumichaca, que es la frontera con el Ecuador. Aunque varios carros transitan el paso internacional, cruzar estaba tan fácil que decidimos parquear para preguntar con calma que era lo que debiamos hacer. Sin filas, sin demoras y sin problemas marcamos en el DAS un papel que es como el pasaporte de la camioneta y de la misma forma pasamos rapidísimo por inmigración para sellar nuestros pasaportes. En el lado Colombiano también cambiamos los pesos por dólares a 1.950 y aunque nos timaron por algunos momentos (nos faltaron 95 dolares en la cuenta final) pudimos hablar con la "presunta abeja" que nos iba a robar y todo salió bien, al parecer fue un "error de cuentas" de parte y parte.

El lado ecuatoriano se puso más complicado, fue tranquilo para el carro que paso su pasaporte le quitaron una hojita le pusieron el sello y no le preguntaron nada. Nosotros fuimos a hacer fila en inmigración donde habían más o menos 30 personas. Pasamos en dos turnos, Mafe y yo y Carlos Omar y Luisa, Ellos tres pasaron tranquilos, pero yo tuve algunos problemas varios. Para empezar el chico de la aduana hablaba muy bajito y no lo escuchaba bien, yo le contestaba en ese tono bajo que ahora tengo para hablar y él menos me escuchaba, por lo que empezó a desesperarse. Luego me pidió la vacuna contra la fiebre amarilla, que todo colombiano que entre por primera vez al pais debe presentar. Primero no tengo la vacuna y segundo no es la primera vez en entro al pais. Pero mis datos de la ultima entrada al ecuador en el 2004 no estaban registrados en el sistema, por lo cual me devolvió el pasaporte y me mandó a buscar mi certificado de la fiebre, mejor dicho no me dejó entrar a su país. Medio desesperada fui a hablar con el guardia de la entrada, que me aconsejó pedirle al que me atendió inicialmente que me ayudara. Volvi con la cabeza baja pidiéndole ayuda, finalmente me dijo que me iba a dar un regalito de navidad dejandome entrar porque tenía visa de estudiante Brasilera.... ufff menos mal, porque ya estaba asustandome.

Volvimos a la camioneta y pasamos a Tulcan sin una sola requisa, el paso entre Ipiales y Tulcan es libre, así que cualquiera puede ir de una lado a otro en carro o a pie sin tener que firmar nada, pero como nosotros ibamos más allá debiamos tener todo en orden. Entramos a Tulcan a dar una vuelta, nos parqueamos en el terminal para averiguar un seguro obligatorio para la camioneta y para armar nuestro almuerzo. El menú sandwiches de queso y ensalada de atún con verduras. 

El seguro sólo lo vendían por un año, asi que seguimos sin nada de eso. Saliendo de Tulcan estaba la policía y el ejercito que efectivamente paraban todo los carros colombianos que pasaban. El policía pidió los papeles del carro incluido el permiso de polarización de los vidrios (la camioneta tiene o tenia los vidrios polarizados dentro de la margen permitida para Colombia). Como le dijimos que en Colombia se podía tener las ventanas así, él dijo que en Ecuador eso estaba prohibido y que nos iba a poner un parte. Mientras Carlos Omar convencía al chapa (como le dicen a la policia aqui) de que no nos pusiera el parte y más bien quitábamos el papel oscuro de los vidios, un militar revisaba mis papeles y los de Mafe. Al encontrar mi visa Brasilera empezó a revisar mi maleta de mano con cuidado papel por papel y cosa por cosa, esculcó hasta el espacio más recondito,  abrió los libros, bolsillos, pantalones etc. Mafe, Luisa y Omar quitaban la polarización de los vidrios y el militar nos dijo que listo, que ya podiamos irnos, que después terminabamos de quitar esa cosa de los vidrios... salimos corriendo.

Un par de quilómetros más adelante paramos para ver una obra de arte de ciclistas al lado de la carretera y aprovechamos para terminar de organizar los vidrios de las ventanas, y así evitar nuevos problemas con la policía, había que tener en cuenta que ya eramos turistas en un país extraño, asi que acomodamos un poco el desorden que el milico nos había hecho y seguimos rumbo a Ibarra.

Nuevo problema, a los carros colombianos no les venden gasolina o ACPM o cualquier otra cosa sino hasta después de un pueblo llamado San Gabriel y nosotros apenas con el ultimo cunchito. En cuanta estación de servicio entrábamos nos recibían con un caracteristico movimiento de dedo indice diciendo que no, chanfle... afortunadamente llegamos a San Gabriel andando... se imaginan lo que sería empujar esa camioneta...nooooooo!!!!!

Ciclistas en la via
Llegamos a Ibarra cerca de las 7 y media, y corrimos a un supermercado que cerraba a las 8 para hacer un mercado que nos permitiera cocinar y comer decentemente los próximos días. Como estaban cerrando nos dividimos y compramos todo lo necesario antes de que cerraran. Pagamos con targeta de crédito para no empezar a gastar nuestros preciados dólares, luego de dar una pequeña vuelta por el centro comercial decidimos seguir rumbo a una ciudad o un pueblo más pequeño donde quedarnos. Una de las cosas interesantes de Ecuador es que tanto los peajes como el Diesel son mucho más baratos que en Colombia. Pasamos de $6200 o 8000 pesos a 1 dolar en los peajes y a tanquear con apenas 10 dolares. Yuju, así nos recorremos todo Ecuador !!!!

Decidimos avanzar hasta Otavalo que según nuestros conocimientos y recuerdos estaba bastante cerca a Quito, que hasta ese momento era nuestro primer objetivo. Llegamos a este poblado de la provincia de Imbabura casi a las 10, dimos algunas vueltas por el centro y por el mercado, donde al otro día vendriamos a comprar artesanías, y finalmente encontramos un parqueadero de alto caché donde quedarnos. El chico negro de cabello pintado de rubio, que cuidaba el lugar,  dudo un poco pero al final nos permitió quedarnos al fondo cerca de los arboles y nos dejó usar el baño... mejor dicho encontramos un hotel de alta categoria.

Los 2500 metros de altura de Otavalo hacian que el frio se sintiera bastante, pero el primer piso de nuestro hotel guardaba aún el calorcito del motor, asi que mientras intentamos un segundo round de instalación del conchon, no sufrimos de frio. El "juichi que juichi" nos hizo reir esta vez más que nunca, no se imaginan lo que es inflar un colchón doble entre una camioneta llena de maletas, con un inflador de mano... Carlos Omar y Luisa se instalaron sin dificultades en el segundo piso y sin duda tuvieron que esperar que inflaramos nuestra cama para poder dormirse, porque todo se balanceaba al ritmo del "juichi que juichi"...finalmente intentamos de nuevo ver aquella película que habiamos comenzado unos dias atras y quedamos dormidas al poco rato, sin terminarla, y así completamos un día más de viaje, ahora en tierra ecuatoriana.

Cuentas de la jornada:
Desayuno: $14000
Baños en las lajas: $1500 (tres personas)
Fotocopias de los papeles de todos: $2600
Frutas para el camino: $6000
Baños en Tulcan: $1000 (dos personas)
Almuerzo: $26000
Agua de sobremesa para el almuerzo: US 1
Diesel: US 10,50
Mercado: US 99, 38
Parqueadero (hospedaje): US 2,50
TOTAL: Pesos $51.000 Dolares: US 113,38

Mapa de la jornada:
200 kilometros


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segunda-feira, 27 de dezembro de 2010

Jornada 3. El Bordo (Cauca) - Ipiales (Nariño) Colombia

Diciembre 27 de 2010

Amanecimos en el Bordo al son de los pájaros, los gallos y una oleada fría. Empezamos a recoger con calma nuestra casa, esperando que los argentinos se levantaran, para poder chismosearles el carro y la ruta y todo, pero nunca se levantaron.

La linda dueña del parqueadero, que resultó llamarse Diana y era madre de dos pequeñines, llegó con dos aromáticas, dos cafés y dos platos de arroz con envueltos nariñenses fabulosos, diciendo "no pude dormir en toda la noche imaginándolos a ustedes allá, tomen un desayunito caliente". Desayunamos entre la camioneta, terminamos de comer y nos despedimos del parqueadero-vivienda, donde todo había sido de maravilla, especialmente Diana que sin duda es un amor, la única queja que tengo es que sólo nos cobró 4.500 pesos por la estadía, el desayuno y la buena energía y no quiso recibir ni un peso más. 

Paisaje rumbo a Pasto
A las 9 de la mañana salimos rumbo a Pasto. La carretera poco transitada es un "pescadero pobre" como dijo Carlos O. subidas, curvas pendientes y un despeñadero que va justo a un cañón formado por el río Patia. El camino estaba lleno de mariposas amarillas y mujeres indígenas pidiendo monedas en improvisados retenes. Llegamos a Pasto hacia el medio día y fuimos directo a buscar un taller de carros donde nos instalaran el sistema de Televisión. Mientras conectaban el asunto hicimos turnos de dos para ir a almorzar y para robar internet de una red inalámbrica, con lo cual conseguimos actualizar el blog, revisar nuestros correos y hasta chatear con amigos.

Oficina virtual con ruedas
Después de instalada la TV fuimos al centro a buscar el DAS para apostillar los pasados judiciales sin lo cual no es posible pasar a Ecuador. Podríamos haber hecho esa vuelta en Bogotá, pero como siempre dejamos todo para el final... Llovía en Pasto y la fila de gente en las afueras del DAS nos auguraba una larga espera. El chisme de las personas en la fila era que estaban hacia mas de 4 horas, no se habían movido ni un paso y cerrarían a las 4 y 30. Chanfle, eran justo las 3 y 40 cuando llegamos ¿será que íbamos a conseguir hacerlo antes que cerraran?. Decidimos esperar con calma y un par de loquitos mochileros con acentos extraños y otras varias personas en la fila entretuvieron la espera. Tres horas después conseguimos nuestro apostillaje (un pinche papel con una firma que costó 25.000 por cabeza) y seguimos rumbo a Ipiales para estar lo más cerca posible a la frontera con el Ecuador que pretendíamos cruzar al día siguiente.

El Frío y los 3000 metros de altura nos dieron la bienvenida a la ciudad nariñense. Nos quedamos en un hotel al frente del terminal de transportes donde Carlos Omar (que valga la pena decir ya estaba mucho mejor) se quedaba con sus ciclistas en alguna de las tantas competencias por Colombia. Nos instalamos en un cuarto con 2 camas por 25.000 pesos. Luego bajamos al restaurante a comer, el menú era una riquísima sopa de quinua y bandeja con arroz, carne, papas fritas y ensalada. Finalmente nos acomodamos, nos arropamos bien porque hacia un frío tremendo y dormimos al son de los ronquidos de Carlos O. y de los carros y buses que transitaban por los alrededores del hotel.

Cuentas de la jornada:
Peajes: $13.400
Diesel: $30.000
Almuerzo: $14.000
Instalación TV: $30.000
Parqueadero del DAS: $3000
Comida: 12.000
Chucherias varias: 2000
Hospedaje: $ 25.000
TOTAL: 129.400

Mapa de la jornada:
Kilómetros recorridos: 280 km


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domingo, 26 de dezembro de 2010

Jornada 2. Armenia (Quindio) - Bordo (Cauca) Colombia

Diciembre 26 de 2010

Nos despedimos de Armenia casi al medio día. El domingo pos navidad ahuyentó la mayoría de las personas de las calles y habían muy pocos carros por el camino. Dimos algunas vueltas en la salida de la ciudad buscando un par de libras de Café Quindío, que por cierto es el mejor café colombiano (según mi criterio, claro que cualquiera puede no estar de acuerdo) y diciéndole adiós al pueblo cuyabro que tan amablemente nos atendió por estos pocos días.

El saldo de la jornada navideña nos dejaba con dos enfermos, Carlos Omar y Luisa andaban con dolor de estomago, diarrea y vómito (una combinación excelente para andar viajando por tierra ¿no?). Ese pequeño detalle sumó algunas paradas "técnicas" en el itinerario de viaje del día y nos ahorró algunos pesos en las comidas (ja, ja, ja).

La carretera Panamericana en el trayecto Armenia-Cali es una vía amplia con dos carriles de lado y lado, plana y rodeada de plátanos y caña de azúcar. Tomamos la paralela para seguir hacia Popayan sin entrar a Cali, pero hicimos una pequeña parada en Palmira para tomarnos una "lulada", bebida típica valluna hecha de varios lulos enteros, con limón y hielo. Yo tenía antojos de lulada desde hace varios meses, ya que en el sur de Brasil no existe el LULO, que es mi fruta favorita para el jugo y una de las pocas cosas que me hacen falta para comer allá en Floripa.

Cuando me acerqué al negro guapísimo que vendía la bebida añorada, me sorprendí con su acento. Tres horas de camino y el pegajoso acento paisa había sido reemplazado por un lindo "mirá ve, ¿y vos que querés?" al mejor estilo valluno. Pedí dos luladas y quedé con ganas de pedir uno de esos vendedores para llevar, tal vez para que me sonriera, me hablara caleño y me hiciera lulada cada vez que me antojara.

Lulada Feliz
Seguimos rumbo al sur. Dejando el Valle y comenzando el Cauca el panorama es diferente, la carretera se encoge y los plátanos y la caña son reemplazados por otros cultivos de pancoger. Antes de empezar la subida hacia Popayan paramos en un restaurante improvisado al lado de la carretera donde varias tractomulas y carros particulares auguraban un buen almuerzo. El menú cachama frita, patacones, ensalada y preparada de aguapanela con limón. Del par de enfermos solo uno se tomó un caldo de pescado y el otro ni miró la comida. 


Después de llenar el estomago comenzamos la subida hacia la capital del Cauca, pero esta vez Mafe era la nueva conductora y yo la copiloto, mientras Carlos O. y Luisa intentaban dormir en la parte de atrás de la camioneta. Pasamos de largo Popayán y fuimos a parar en Timbio un pequeño pueblito caucano, a eso de las 7 de la noche. Tomamos aromática, compramos unos panes y averiguamos el estado de la carretera que muy cerca de allí estaba derrumbada desde hacia algunos días atrás. Según la amable pareja de las aromáticas, la Panamericana entre Rosas y Pasto estaba abierta desde ese día por la mañana y era seguro transitar de noche hasta la altura de El Bordo, de allí hasta Pastos la cosa se complicaba, especialmente porque hacia ocho días habían atracado un bus con 40 pasajeros y habían violado a la novia de un policía que viajaba en él.  El mensaje era claro, sólo avanzaríamos hasta el Bordo.

El camino estaba bastante transitado, pasamos Rosas y pocos metros después encontramos el derrumbe, en realidad se habían desaparecido 200 metros de carretera, pero cuando nosotros pasamos ya habían hecho una completamente nueva, que con tiempo seco, como el que teníamos, era bastante segura, pero con un poquito de lluvia seria, sin dudas, un patinódromo.

Llegamos al Bordo hacia las 9 de la noche. El pueblo está compuesto por algunas casas al lado y lado de la Panamericana. Dimos un par de vueltas hasta que encontramos un pequeño parqueadero al inicio del caserío. Nos recibió una mujer lindísima de unos 25 años, negra y con una sonrisa encantadora. Cuando le preguntamos si podíamos parquear la camioneta y quedarnos en ella esa noche, dijo que claro y sonriendo continuó "hoy mi parqueadero se convirtió en una vivienda, ven ese carro que está allá al fondo, pues ahí hay dos argentinos durmiendo". Maravilloso, parqueamos cerca de los parceros Argentinos y organizamos nuestra casita. Salimos a buscar baño, aromáticas y  algo más de comer y volvimos rápido, a probar lo que en adelante sería nuestra cama por más de 1 mes. 

El parqueadero vivienda Argentino - Colombiano

Nuestra casa tiene dos pisos, en el primero (al interior de la camioneta) dormimos Mafe y yo, en el segundo (la cómoda carpa del techo) duermen Carlos Omar y Luisa. Pues bien, esta noche probamos la casa completa. Mafe y yo pasamos como veinte minutos intentando inflar el colchón con el famoso "juichi que juichi" un inflador de mano que además de inflar nos ayuda a ejercitar los brazos, los abdominales y hasta la espalda haciendo un "lindo" sonido que le dio su nombre. Mientras peliábamos con el colchón, las sillas de la camioneta, las maletas, etc. el par de enfermos se largaron para el segundo piso, se ubicaron sin mayores complicaciones en la carpa y murieron rápidamente. Después de medio ordenar la cama improvisada y intentar ver una película en el DVD, apagamos todo y dormimos.

Cuentas de la jornada:
Peajes: $ 45.000
Luladas: $ 4000
Agua: $2000
Almuerzos: $30.000
Aromáticas y pan en Timbio: $ 4000
Diesel: $59.000
Parqueadero hospedaje: $ 4.500
TOTAL: $ 149.900

Mapa de la jornada:

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