Enero 4 de 2011
Muy a las 7 y 15 de la mañana, que en la oscuridad de nuestro cuarto parecían las 5 de la madrugada, nos despertamos con los gritos de un señor en la puerta pidiéndonos que corriéramos la camioneta que estaba obstaculizando el paso de su carro. Aunque desde esa hora hicimos varios intentos por levantarnos, sólo conseguimos hacerlo después de las 9. Agua caliente, baño privado y televisión por cable demoraron un poco nuestra salida. Desayunamos por turnos en un restaurante al lado del hotel y terminamos saliendo a las 10 y 30 con la mirada fija en la frontera. Unos minutos antes del medio día estábamos ya en Huaquillas en la frontera con Perú. El panorama general había cambiado radicalmente. Durante toda nuestra travesía por Ecuador habíamos encontrado siempre una gran cantidad de árboles, selva y mucha agua que rodeaba la carretera, pero cerca de la frontera el paisaje se parecía cada vez más al de la Guajira Colombiana, árboles pequeños, tierra desértica y poca agua dulce rodeaban la carretera.
Antes de llegar al río que marca la frontera, encontramos la Aduana donde el carro presentó sus papeles y de nuevo sin fila, sin problemas y sin preguntas salió fácilmente de Ecuador. Nosotros seguimos hacia el paso internacional buscando la oficina de migración para sellar nuestros pasaportes. La parte ecuatoriana de la frontera esta dividida en dos, por un lado una gran autopista de doble carril completamente desolada y por el otro una pequeña calle rodeada de tiendas construidas en madera y con una pequeña oficina de migración e inmigración. Como hay poca señalización (por no decir ninguna) y pocas personas a las cuales preguntar seguimos por la superautopista (desconociendo el otro camino) y llegamos al Perú sin haber salido oficialmente de Ecuador. La policía peruana nos devolvió a tierras ecuatorianas y terminamos llegando a la pequeña callecita donde encontramos varios buses, carros privados y muchos extranjeros intentando entrar o salir del país.
Hicimos fila por menos de 10 minutos justo detrás de una pareja de orientales con un pasaporte llenísimo de sellos de todos los países imaginados. Sellamos y salimos ahora si rumbo a Perú. La oficina de la aduana y de inmigración de este país es aún más “improvisada” que la Ecuatoriana. Unos containers convertidos en oficinas al lado de la Panamericana, constituyen toda la “estructura” de recibimiento al extranjero. Recibimos una nueva Tarjeta Andina (en Ecuador nos habían dado otra) sellaron nuestros pasaportes y listo, estábamos oficialmente en tierras Peruanas. La camioneta entró con algo más de demora que nunca, le pidieron varios datos para ingresarlos al sistema, le revisaron todos los documentos y la fumigaron por fuera.
Mientras terminábamos de hacer esas vueltas, vimos un par de europeos yendo de un lado para el otro buscando transporte hasta Tumbes (el primer pueblo Peruano). El bus en el que viajaban (y en el que aún iban sus maletas y un amigo) los había dejado, ya que cuando estaban en inmigración peruana, después de hacer todo el proceso en Ecuador, la policía peruana se había dado cuenta que en Ecuador se habían “olvidado” de sellar sus pasaportes y mientras regresaban al otro lado de la frontera, el bus arrancó sin ellos. Decidimos llevarlos hasta Tumbes. Eran dos franceses jovenes, sólo uno hablaba español (había vivido por tres años en México cuando estuvo casado con una estadounidense) y el otro sólo francés, aunque cuando se bajó del carro nos dijo un “Muchas Gracias” clarísimo. Habían volado desde Francia hasta Quito y aprovechando la cercanía querían conocer un poco de Perú. Los dejamos en Tumbes en la oficina de transportes para que cogieran un nuevo bus para llegar hasta donde estaban sus maletas, en una ciudad más adelante. Nosotros cambiamos dólares por soles a 2,75 en un banco, almorzamos y fuimos a una oficina de turismo a pedir información y mapas del país.
Perú para nosotros es más barato, la comida, el hospedaje y las cosas en general son baratas ya que un Sol equivale a 730 pesos (aproximadamente). Sin embargo el combustible es mucho más caro, casi 7 veces más que en Ecuador y 1000 o 2000 pesos más que en Colombia. Lo cual encarece nuestras jornadas ya que debemos atravesar casi todo Perú de norte a sur para llegar a Machu Pichu, lo cual implica bastante combustible.
Delante de Tumbes sólo pasamos una pequeña requisa policial, en la que revisaron nuestros pasaportes, los papeles del carro y dieron una mirada general al exterior de la camioneta. Estábamos un poco desconfiados porque llevábamos 2 tanques de 5 litros con Diessel en el techo. Pero rápidamente nos tranquilizamos al ver que todos los carros en Perú, los pequeños, grandes, de servicio público o privado se las dan de camiones cargando de todo en el techo: listones de madera, muebles, caña, frutas, tanques, personas, entre otras cosas.
El policía que nos recibió (un señor de unos 50 años) nos trató muy amablemente e incluso nos dio un montón de información sobre las carreteras y las distancias. Pocos kilómetros delante de la frontera encontramos de nuevo el Pacifico que se mostraba azul radiante en contraste con el horizonte medio desértico. Andamos por unas 4 horas hasta que llegamos a Máncora donde decidimos quedarnos por una noche.
Máncora es una ciudad, mas bien un pueblo excepcional. Queda a la orilla del Pacifico y tiene una gran estructura turística con un estilo propio. Aunque esta llena de hoteles y restaurantes no tiene grandes edificios, por el contrario casas de uno o máximo dos pisos que hacen de hoteles y posadas, cada una de las con una presencia y un estilo diferente. Hay unas más naturales adornadas con guadua, otras con ladrillo a la vista, otras más con paredes decoradas de colores y así por el estilo. A la orilla del mar hay un pequeño malecón peatonal lleno de artesanías, restaurantes y bares. Turistas de todas las nacionalidades deambulan por sus calles, restaurantes y hoteles. Peruanos, Ecuatorianos, Colombianos, Argentinos, chilenos, Estadounidenses, Franceses y varios otros. Su vocación turística internacional se evidencia en los nombres de sus establecimientos, la mayoría en ingles, así como en sus cartas bilingües. Mochileros, loquitos, familias y hasta actores de televisión deambulan por las calles de Máncora y aunque hay muchas personas el ambiente del lugar no lo hace hostigante o pesado como Montañita o cualquier otra ciudad turística. Y lo mejor de todo, a un precio accesible, muy barato. Buen destino turístico si lo que se quiere es buena fiesta, bellas playas y no gastar mucho dinero.
| Hotel en Máncora |
Dimos unas vueltas por el lugar buscando una zona de camping y finalmente encontramos un hotel tranquilo de tipo hosting International con zonas comunes para cocinar, a bajos costos, zona de camping, piscina y otras cosas varias. El lugar conjugaba construcciones de cemento con madera y áreas al aire libre con árboles. Aunque el camping estaba lleno, el precio de las habitaciones nos pareció muy cómodo, así que nos quedamos. Nuestros vecinos de hotel parecían de varias nacionalidades, españoles, argentinos, estadounidenses, franceses, italianos y peruanos fueron algunos de los que me cruce por ahí.
Dejamos las cosas y salimos a comer y a tomarnos unas cervezas en la playa. Nos sentamos en un restaurante en el malecón y comimos pescado con arroz y ensalada y nos tomamos unas Cusqueñas negras y unas Pilsener. Caminamos un poco hasta la plaza de artesanías donde compramos algunas cosas a buenos precios. Yo fui a chismosear algunas frutas para el desayuno. Me sorprendió en especial una que no conocía y que en la zona llaman “pepino” aunque no es como el que conocemos para la ensalada, más bien tiene apariencia de pomarosa pero con olor y sabor a melón, aunque un poco más dulce.
De regreso al hotel aprovechamos para adelantar el blog, revisar correos, escribirnos con algunos contactos peruanos, leer el periódico y reportarnos con nuestros amigos y familiares, gracias a la red Wi-Fi del hotel. Finalmente fuimos cayendo uno a uno en el cuarto de hotel, a pesar de las risas y conversaciones ajenas de algunos adolescentes europeos hablando estupideces de madrugada en el hall del hotel, al final no todo puede ser perfecto.
Cuentas de la jornada:
Desayuno: 10
Aceite para la Camioneta: 39, 60
Peajes: 1, 25
Combustible: 11,40
Fumigada en la frontera: 1 por nuestra cuenta y 2 por cuenta de los franceses
Almuerzo: 31 Soles
Comida: 45 Soles
Compras para completar comidas: 10 Soles
Artesanias: 12 Soles
Hospedaje: 80 Soles
TOTAl: 63,25 Dolares y 178 Soles
(Para que hagan sus cuentas 1 Sol = 730 Pesos ó 1 Sol = 2,85 US)
Mapa de la jornada:
Kilómetros: 326
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