El 2011 nos despertó con un silencio impactante. Como todo el mundo se fue a dormir tarde o más bien muy temprano, a las 7 y 30 de la mañana no se escuchaba ningún ruido humano. Entonces desperté a Omar para ir a correr. La playa estaba mucho más vacía que el día anterior pero llegando al puerto habían más de 300 sillas y parasoles. Era seguro que los habitantes de Manta y de los pueblos de alrededor tienen la costumbre de pasar el primero de enero en la playa, y desde temprano las cosas estaban listas para recibirlos. Algunos borrachos y surfistas durmiendo abrazados a sus botellas o a sus tablas completaban el panorama del lugar.
El cielo estaba bastante nublado y no había suficiente “ambiente” para entrar al mar. Así que optamos por subir a la “suite” y hacer un buen desayuno. Al pasar por el restaurante del hotel nos antojamos de jugo de naranjilla y luego yo decidí pagar un desayuno continental del hotel, porque mi glicemia se sentía un poco baja y el desayuno casero iba a demorarse. Mafe y luisa que andaban viendo peces fosforescentes en el mar, volvieron a desayunar y luego que todos comimos hicimos comisión para organizar, recoger y salir.
Era un poco más del medio día cuando dejamos el hotel, y ya en ese momento mi glicemia estaba realmente mal. Mareo, dolor de cabeza y una sensación de desmayo, anunciaban una tarde horrorosa. Llegamos al puerto donde habían varias cevicherías y restaurantes. Allí pedimos ceviche de camarón, camarón al ajillo, pescado apanado y yo comencé seriamente una dieta de hipoglicemia, así que mi almuerzo fue pescado a la plancha con ensalada, el cual llego justo en el momento en que estaba desmayándome.
Desde ahí en adelante hasta casi las 9 de la noche la hipoglicemia me maltrató como ya hace varios años no lo hacia. Ni el maní, ni el queso, ni los yogures dietéticas conseguían recuperarme. Sólo hasta el final de la noche durmiendo un poco, gastando poca energía en estar despierta y comiendo cada 3 horas, logré volver a mi estado natural.
Mientras yo dormía y me quejaba en la silla de la camioneta, Carlos Omar, Luisa y Mafe se deleitaban con un panorama espectacular de playas paradisíacas y pequeñas villas de pescadores. Pasamos el Parque Nacional Natural Machalilla, y un montón de santos entre San Mateo, Santa Marianita, San Lorenzo, Santa Rosa, San José podíamos haber hecho una linda catedral, seguimos por más y más pueblo en lo que llaman la Ruta del Sol hasta que finalmente llegamos a Montañita.
Hum Montañita! imaginen El Rodadero en Santa Marta en plena temporada, muchísimos turistas, carros y gente por todas parte, pero el espacio es muy pequeño, todo esta medio espichado y carísimo, de gran nivel, hoteles caros, llenos de turistas extranjeros, monos, lindos surfistas, wi-fi por todas partes, miles de letreros de clase de surf, alquiler de tablas, avisos en ingles y en términos generales, ningún lugar apropiado para nosotros. Las zonas de camping parecían espacios de refugiados, carpas aglomeradas, basura, platos sucios, botellas vacías, gente tirada en el piso pasando el guayabo y nada de agua. No, definitivamente ese no era lugar para nosotros. Dimos vueltas de un lado para otro y no encontramos nada. Decidimos regresar al pueblo anterior pero no había zona de camping. Regresamos un pueblo más que además de no tener agua, no habían hoteles disponibles ni lugar para instalar la carpa o la camioneta.
Tras devolvernos tres pueblos, volvimos a montañita donde era el único lugar de camping, pero definitivamente ahí no era posible quedarnos ni por una noche. Seguimos hacia delante, encontramos Manglar Alto y no encontramos nada pero luego llegamos a Cadeate un pequeño caserío a cinco minutos de montañita, bastante tranquilo y con 3 kilómetros de playa paradisíacas. Mafe y Luisa pasaron como 15 minutos o más explicándole a los encargados del Hostal Puerto del Sol en qué consistía nuestro sistema de vivienda. Finalmente aceptaron y nos instalamos en un lugar fantástico. Yo sin embargo seguía en crisis, así que apenas parquearon y abrieron la carpa del segundo piso me tire a descansar y a intentar nivelar mi cuerpo.
Ellos instalaron la carpa de piso, salieron a comprar algunas cosas en una tienda cercana, hicieron comida y hasta extendieron la ropa húmeda que traíamos. Al final se durmieron, como yo que ya a las 10 de la noche estaba sintiéndome mucho pero mucho mejor.
Algunos zancudos bandidos que se colaron en la carpa y especialmente Mafe haciéndoles cacería, armada de una pequeña linterna fue el único percance de la noche. Pero después de poner repelente por todas las esquinas y de estampar a uno que otro contra las paredes, pudimos descansar hasta casi las 9 de la mañana. El desayuno ahora costó de una dieta para hipoglicemia (huevo duro, pan integral, te en agua con un poco de leche y fruta) y un desayuno normal para los alentados de huevos con salchichas, café, pan con mantequilla y mermelada y piña. Como yo andaba intentado normalizar mi cuerpo y no exigirle mucho después de esa crisis del día anterior decidí quedarme entre la camioneta, escuchando al Teatro Mágico (para los que no conocen es una banda de música independiente Brasilera que es absurdamente buena) y adelantando todos los textos del blog.
Mafe, Carlos O y Luisa tomaron sol y jugaron en las olas, hasta que la fuerza del mar les dio un pequeño susto queriendo llevárselos lejos de la orilla, pero nada grave, solo un llamado de atención para no irse muy al fondo. Amorzámos en el hotel, el menú hecho por Isaura y Javier los encargados del hotel que son un par de amores, fue sopa de pollo, arroz, ensalada, patacones, pollo a la plancha y jugo de piña.
Después de comer, Carlos Omar y Luisa fueron a dar vuelta por el caserío buscando llamadas internacionales, mientras tanto Mafe se bañaba y yo tomaba sol y leía algunas páginas del libro “Garotas de Fábrica” de Leslie T. Chang que una gran amiga me regaló de cumpleaños. Cuando Mafe fue a la playa a hacerme compañía me lancé al mar (con precaución) y luego me senté a emparejar mi bronceado degrade ( que gane en toda la primavera gracias a salir a correr en pantalonetas de diferentes tamaños) y a leer mientras llegaba el atardecer. Carlos O y Luisa llegaron a dormir en las hamacas y a los pocos minutos empezó el gran show del día. Un atardecer espectacular que comenzó naranja y empezó a pasar por rosados, fucsias y rojos nos deleitó mientras tomábamos mil fotos y jugábamos con Sabú, el juguetón perro del hotel que además de alguien con quien jugar esta MUY necesitado de una perrita con la cual gastar sus hormonas de adolescente.
Después que oscureció nos sentamos en la camioneta a organizar detalles del camino a seguir y a hacer cuentas. Estando en esas llegó Isaura con una sonrisa amable a invitarnos a un café el cual aceptamos con placer. El café servido en la mesa constaba de leche, café, pan con mantequilla, arroz, verdes (patacones) y pollo a la plancha. Cuando le dijimos que nos daba “pena” y le dimos las gracias ella solo respondió “no van a encontrar a nadie que tenga un corazón tan grande como el Mio”. Eso es lo más bonito del viaje, encontrarnos con personas como Isaura o como Diana allá en el Bordo, que nos hacen sentir queridos y que nos recuerdan que las personas son bellas en todas partes, mejor dicho como bien diría Gentileza en Río de Janeiro “Gentileza gera Gentileza” o como diría Drexler “uno da lo que recibe, luego recibe lo que da”… asì de simple es la vida.
Tras nuestra comida familiar y de acomodar las camas, nos sentamos a escribir para el blog y así dejar los textos listos para cuando tengamos acceso a Internet subirlos. Son ahora las 11 y 10 de la noche, yo estoy terminando este texto, mientras Mafe tiene una guerra contra los zancudos al interior de la camioneta. Cada vez que mata uno nuevo el nivel sube, el siguiente es mas veloz y mas vivo. Al paso que va creo que debe ir en el nivel 6 aunque su poder ha estado agotándose, porque ya uno que otro me han picado…pero creo que por hoy la energía se acabo, mañana será un nuevo día en el que debemos salir de aquí y buscar un nuevo hogar más cerca de la frontera con Perú. Buenas noches quería gente. Dulces sueños y pocos zancudos para dormir bien. Hasta otro día.
Costos de la jornada:
Jugos en el hotel: 1,50
Desayuno en el hotel: 2,50
Lavada de pantalones en el hotel: 2
Almuerzos 1 enero: 19,50
Comida crisis de glicemia: 3,60
Almuerzos 2 de enero: 10
Diesel: 8,50
Baño: 1,50
Compras de tienda: 4,75
Parqueadero hospedaje hotel: 20
TOTAL: 73,85
Mapa de la jornada:
Kilómetros: 197
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