Enero 8 de 2011
Amanecimos tras nuestra primera noche en Lima. El hotel tranquilo nos dejó dormir sin mayores disturbios. El desayuno estuvo dividido en dos, Mafe y yo tomamos el desayuno del hotel que se servía en el sexto piso y consistía en jugo de naranja, café con leche y pan con mantequilla y mermelada. Carlos Omar y Luisa en cambio hicieron desayuno en la habitación y comieron santuchitos con café. En toda la mañana hicimos cosas varias, buscamos un lugar donde mandar lavar la ropa sucia y una agencia de viajes donde preguntar por planes para ir a Cusco y para conseguir un pasaje de regreso a Floripa.
Después de haber analizado la cantidad de kilómetros que debíamos recorrer hasta Cusco para conocer MachuPichu y después de aquellos días recorriendo el norte de Perú con sus carreteras solitarias y su “ambiente” inseguro, habíamos decidido que era mejor ir al Cusco en bus, en vez de llevar nuestra camioneta, especialmente porque el camino era de más de 1000 kilómetros y como no podríamos dirigir en la noche (por cuestión de seguridad) nos gastaríamos al menos 3 días para llegar.
Un poco después del medio día salimos todos a la agencia de viajes. A unas pocas calles del hotel donde nos alojábamos encontramos una zona llena de agencias, hoteles y turistas. Esta zona de Lima es realmente impresionante, esta llena de turistas por todas partes. Señoras, señores, jovenes, niños, gafas oscuras, grandes maletas, havaianas (chanclas Brasileras muy famosas), bermudas, mapas en las manos y un poco de indiscreción hace difícil no notarlos. Argentinos, brasileros, europeos, colombianos, gringos, de todo un poco.
La agencia pequeña era atendida por una mujer peruana muy amable. Su hora de salida era justo el momento en el que entrábamos a su oficina, era sábado y le había prometido a su hijita de 6 años que iba a llegar temprano para llevarla al parque. Lo primero era buscar un pasaje barato a la “ilha da magia” y luego si ver las opciones para MachuPichu. Mientras esperábamos que la aerolínea TACA le diera una razón a la chica de la agencia sobre un pasaje que parecía interesante, esperábamos y hablábamos un poco. Ella conocía un poco Bogotá y Cali, había ido hacía menos de un año y quería volver, pero también quería conocer San Andrés, aquella linda isla en el Caribe, que buena energía.
Casi a las 3 y media de la tarde, después de varias llamadas de la chiquitina afanada por ir al parque y de ninguna confirmación de la aerolínea, salimos de allí. Buscamos un nuevo hotel (más barato) para quedarnos una noche más, trasteamos nuestra camioneta a su nuevo hotel, dejamos las cosas y salimos a dar una vueltecita por Lima. Al final llevábamos dos días y no conocíamos nada. Nos dirigimos a Barranco un barrio tradicional al lado del mar donde hay un montón de bares, restaurantes y hoteles. Sus calles adoquinadas, sus casas con grandes ventanas y balcones, sus colores vivos y sus pasos peatonales recuerdan el barrio La Candelaria en Bogotá, pero el ambiente de costa le da un aire alegre y veranesco particular.
Entramos en un restaurante típico llamado Sogoro Cosongo (igual que aquel grupo de música Brasilero-colombiano) y pedimos varias cosas de la exquisita culinaria peruana:
Entrada: Ceviche y una causa de pollo
Platos fuertes (o segundos como dicen aquí): pescado sudado, pescado a la plancha, chicharrón de pescado y lomo saltado.
Bebida: Jarra de cerveza
Efectivamente la comida peruana merece su fama. Nuestras caras se iluminaban con cada bocado, y nuestros paladares realmente disfrutaban de un manjar delicioso.
Salimos rellenos pero igual era necesario un buen postre (eso si para aquellos que pueden comer dulce) pues el postre va en otro compartimento. A la vuelta de la esquina había un lugarcito de postres casi sobre la calle. Carlos Omar, Luisa y Mafe se samparon un postre de maracuyá y un cheescake que se veían y olían de maravilla y mientras comían fuimos a caminar por Barranco.
Ya casi entrada la noche regresamos al hotel que queda justo en las cercanías de las ferias artesanales. Entonces pasamos por todas las callejuelas de la feria deleitándonos con los colores, texturas, figuras y tamaños. Impresionantes las cosas que se hacen por estos lares y maravilloso el precio. Compramos algunos detallitos y nos adentramos en la camioneta a reorganizar maletas para salir al día siguiente a Cusco. Después caímos profundos.
Costos de la jornada:
taxi: 38
lavada de ropa:25
llamadas: 4
hotel: 120
almuerzo:115
postres. 10.50
regalos:80
total: 392.50 soles
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