Enero 7 de 2011
A pesar del buen hotel y del lugar amable que teníamos para dormir Mafe y yo no pasamos una noche muy cómoda. Yo porque me la pase peleando contra las almohadas, el colchón, los malos sueños y las cobijas; ella porque con todo ese ajetreo no pudo dormir (valga la aclaración que compartíamos la misma cama). A las 7 de la mañana escuchamos la voz de Luisa diciendo que era hora de levantarnos, pero igual seguimos en la cama por una hora más. Después de un rato de pereza nos levantamos, nos organizamos, hicimos desayuno entre la camioneta, que estaba parqueada en el garaje del hotel, desayunamos (huevos, yogurt, pan con mantequilla y mermelada, cereal con leche y bananos) recogimos nuestras cosas y salimos rumbo a Lima.
De Santa salimos casi a las 10 de la mañana y como nos esperaba un trayecto de más de 300 kilómetros entre el desierto, nos alistamos para ir derechito sin parar. No queríamos demorarnos en la salida y sólo parar una que otra vez a ponerle combustible a la camioneta o a almorzar si es que era muy necesario. Mafe y yo que habíamos pasado una mala noche, dormimos casi todo el camino hasta Lima. Nos echamos en los cómodos puestos de la camioneta y nos desconectamos, ni el calor intenso ni los mosquitos ni el hambre nos hicieron levantar, sólo lo lograron algunos policías de transito que nos pararon varias veces a pedir papeles y una abeja macabra que son su impresionante centímetro de estatura atormentó a Mariafe por unos cuantos minutos mientras caminaba por las ventanas del carro.
El panorama por las ventanas no varió mucho. El Perú que hemos conocido hasta ahora puede resumirse en: desierto desierto desierto, Máncora, desierto desierto desierto Piura, desierto desierto desierto Chiclayo, desierto desierto, desierto Santa y ¿adivinen que? en el día de hoy teníamos para variar el menú: desierto desierto desierto, Lima.
Y al final de la jornada por fin llegamos a Lima. Eeeeee Lima la tan esperada Lima. La desértica Lima. Nos gastamos casi 1500 kilómetros para llegar hasta aquí. Nos gastamos más de 3 días dándole y dándole a nuestro carro sin parar. Nos gastamos un pocononón de combustible. Nos fugamos de dos policías corruptos y vimos más desierto que nunca antes en nuestras vidas y finalmente llegamos a Lima. Pero lo peor es que aún no atravesamos ni la mitad del país. Perú más que grande es largo, larguísimo y una cosa que aprendimos por el camino es que definitivamente es más barato y más fácil andar en bus que en carro propio por este país. Pero bueno, estamos en Lima.
Primero lo primero. COMER. Como nos vinimos derecho, sin parar, estábamos que nos comíamos los unos a los otros. Llegamos al centro, dimos vuelta por aquí y por allá. Nos perdimos como de costumbre hasta que encendimos nuestro GPS inteligente, o sea le dimos un mapa a Mafe y ella con sus habilidades orientadoras (que nadie sabe de donde vienen) nos llevó hasta un barrio llamado San Isidro. Lo más de elegante el barrio, para que le digo que no si, sí. Calles amplias asfaltadas, edificios bonitos grandotes, con ventanas limpias, carros nuevos, casas elegantes, centros comerciales y muchos hoteles.
Nos metimos a un centro comercial que resulto ser un supermercado con plaza de comidas. Lo complicado fue elegir el menú. La comida era bufet y habían varias opciones de comida local e internacional. Todo estaba etiquetado que pollo oriental, que lomo saltado, que alitas supremas que causa con yo no se qué. El problema es que todas las etiquetas estaban cambiadas en el pollo había papa en la papa había algo extraño y así por el estilo. Al final cogimos cualquier cosa y no me pregunten qué era porque no se decirles. Sabores mezclados, dulce con picante con salado con arroz, caliente con frío con fruta y así por el estilo. El punto es que quedamos llenitos y contentos.
Ya con la panza llena y el corazón contento empezamos la parte aburrida de llegar a una ciudad grande. Intentar contactar a los amigos de los amigos que de pronto nos daban posada o nos aconsejaban un lugar para quedarnos o en su defecto buscar un hotel decente y barato para pasar la noche. De los amigos sólo contestó Lizbet la esposa de Ricardo, el hijo de Don Salvador, un amigo de mi abuelo paterno ó si lo prefieren para hacer más simple las cosas, pueden pensar como yo, Lizbet la esposa de Ricardo, un primo lejano. Entonces la tarea a seguir fue intentar llegar a donde estaba la prima peruana. Encendimos el GPS inteligente y le dimos las coordenadas y “el aparato” empezó a decir direcciones y nombres de calles y orientaciones varias. Evidentemente de nuevo nos perdimos, pero al final, bien al final logramos llegar cerca de la prima. Casi a las 7 apareció Lizbet con su gran sonrisa y una maletota de viaje. Nos saludó como se saludan los primos lejanos que hace tiempo no se ven, con abrazos y sonrisas.
Después de las preguntas varias de qué están buscando, que quieren hacer, que cuales son los planes, que en qué puedo ayudarlos, etcétera y etcétera, nos dimos cuenta que ya no éramos cuatro sino cinco perdidos en Lima. Pues nuestra prima que resultó ser más bogotana que limeña, conoce tan bien la ciudad como nosotros y esta tan desorientada o más que nosotros. Eso sí es una completa dulzura, tiene un acento bien bonito y es súper alegre y amable.
Nuestra prima peruana resultó tener un hermano peruano (él si muy orientado) con agencia de viajes incluida y después de llamarlo y encontrarnos con él salimos a la búsqueda de un hotel en la zona. Además Cristian, como resulto llamarse el primo peruano, nos hizo algunas averiguaciones sobre pasajes a Cusco, planes para MachuPichu y todo eso. Al final nos despedimos de nuestros nuevos primos y nos dirigimos a un hotel bien gomelo que habíamos encontrado mientras estábamos buscando a Lizbet y que pareció ser el único de la zona en el cual cabían nuestra nave.
Entramos, parqueamos, bajamos nuestro desorden de la camioneta, nos instalamos, nos comimos unos sanduchitos hechos en el microondas de la habitación, nos conectamos a Internet, adelantamos el blog, vimos algunas pelis y dormimos placidamente.
Mapa de la jornada:
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