quinta-feira, 6 de janeiro de 2011

Jornada 11. Chiclayo (Lambayeque) – Santa (La Libertad) Perú

Enero 6 de 2011

Amaneció en Chiclayo al ritmo de buses, carros y movimiento de personas en el hotel. Aún cuando queríamos levantarnos temprano para intentar llegar lo más cerca posible a Lima, el cansancio del día anterior no nos ayudó con la madrugada. Carlos Omar especialmente estaba aún cansado y sin discutirlo lo dejamos dormir hasta tarde, así todos aprovechamos para descansar también. Tomamos un pre-desayuno en el hotel mientras revisábamos la trayectoria del día en Internet y yo buscaba opciones de pasajes para regresar a Floripa hacia mediados del mes.





Salimos sobre las 10 del hotel en Chiclayo y buscamos un centro comercial donde parquear con tranquilidad y buscar un banco para cambiar dinero. Encontramos un Falavela en medio de las calles congestionadas de la ciudad. Seguramente debido al valor elevado del combustible en Perú, la forma más habitual de transporte público es el mototaxi, que lo cumplen unas motos con cabina que están por todas partes. Estas pequeñas “cositas” de colores se atraviesan, cruzan, pasan, pitan por todas las calles. Y para contribuir a la confusión general, los peruanos dirigen como locos, no le temen a nada, pasan, hacen cruces indebidos, pitan de nuevo y se atraviesan, lo cual hace “muy entretenido” manejar en las ciudades de este país.


Aunque el centro comercial parecía un lugar un poco más seguro decidimos hacer turnos para cambiar el dinero y hacer las comprar necesarias, dejando siempre la camioneta habitada. Desde el impase en Talara había un ambiente de desconfianza y especialmente inseguridad entre nosotros. Carlos Omar fue quien quedó más azarado, no queriendo parquear en cualquier lado y desconfiando de todo un poco.

Desayunamos en el centro comercial, unas empanadas con café, cambiamos el dinero y salimos rumbo a Trujillo. De nuevo el desierto se mostraba impetuoso a lado y lado de la carretera, pero esta vez nos encontramos con pequeños oasis verdes con cultivos y hasta con vacas. Aún cuando a un lado de la carretera había un amarillo desértico al otro como si se tratara de un espejismo, crecía un lindo cultivo de varias hectáreas, con miles de verdes intensos y relieves asimétricos, creando un paisaje surreal.


Paramos a almorzar en algún lugar de la carretera donde se podía parquear la camioneta. Carlos Omar no quería dejarla a la orilla de la vía al lado de algunos otros restaurantes que habíamos pasado algunas horas antes. El restaurante con aspecto de asadero se especializaba en cuys, patos y cecina. Nosotros optamos por una fuente de cecina con yuca, ensalada, arroz y cancha con nuñe. Traducción: una porción grande de carne de lomo frita con yuca, ensalada (cebolla picante), arroz y un revuelto de maíz y un tipo de frijol blanco tostado. Y como en cualquier comida peruana que se respete, no puedo faltar la inca-cola, que es la gaseosa local, como la colombiana o el Guaraná en Brasil.



Después de comer seguimos entre desierto y más desierto. A pesar de las condiciones hostiles alrededor, la carretera esta perfecta, ni un hueco o imperfecto y lo único que nos detuvo varias veces fue la policía.  A pesar de nuestro impase el día anterior los tombos esta vez se portaron muy decentemente, todos tenían algún comentario amable sobre Colombia y hasta preguntas sobre modismos usados en las novelas. Uno de ellos quería saber qué era “care-chimba” expresión que habían oído en la telenovela “el cartel de los sapos” a lo que casi no podemos responderle. Y otros nos daban indicaciones sobre la carretera o las distancias. Ninguno quiso pedirnos dinero ni nada por el estilo.

Finalmente sobre el final de la tarde llegamos a Santa un pequeño pueblito antes de Lambayeque con un aspecto tranquilo y hospitalario. Conseguimos un pequeño hotel con un gran parqueadero y nos instalamos. Salimos en la noche a caminar un poco y a buscar algo de comida. El menú fue sopa de pollo, Lomo saltado y otras cositas varias. Compramos algunas cosas para el desayuno entre ellas pan vendido por mujeres con un gran canasto sentadas en las esquinas del parque principal, algunos bananos y unos yogures.

Volvimos al hotel temprano a descansar tras otra larga jornada en el desierto. Al día siguiente debíamos llegar hasta Lima, para lo cual tendríamos que recorrer casi 400 kilómetros de más desierto, había que recargar las baterías.



Cuentas de la jornada:
Jugos y galletas: 5,10
Desayuno: 26
Diessel: 162
Almuerzos: 54
Comida: 10, 40
Compras varias: 18,30
Hotel: 50
TOTAL: 325,8 Soles




Mapa de la jornada:
Kilómetros: 352


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Um comentário:

  1. Hola! Muy bien, yo quiero una Incacola! Jejeje!
    Creo que hay muchas cosas para contarme cuando vuelvas a Floripa...
    Te extraño, Laurita!

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